La Nación (Edición impresa y digital) / 11.01.2008 / Por Sabrina Cuculiansky

El artista solidario

Es chaqueño, autodidacta, revelación en arteBA 2006 y vendedor número uno de obras en la edición 2007. Milo Lockett, ex industrial textil, dice que no quiere trabajar para elites: expone y da clases en escuelas y talleres para chicos de comunidades nativas del norte del país

Fue artista revelación en arteBA 2006 y el que más obras vendió en la edición 2007. Lo mismo sucedió en la última Expotrastiendas. ¿Su público? Desde grandes coleccionistas hasta jóvenes empleados que vieron su obra y se enamoraron. ¿Por qué? Imagen pregnante, paleta que corresponde a un ojo equilibrado y un gran futuro por delante.

Milo Lockett tiene 39 años, es chaqueño, y aunque su reconocimiento en los últimos años lo trajo a las grandes ciudades prefiere vivir en su Resistencia natal junto a su familia. Va y viene, pero el taller lo tiene allá. Pinta allá.

Su vida de artista con rúbrica comenzó hace siete años, cuando decidió dejar atrás su fábrica textil para dedicarse a la pintura.

"Cerrar todo eso era una complicación, y al mismo tiempo me estaba fundiendo con la crisis del país. Empecé a pintar y dibujar de nuevo, y decidí que quería vivir del arte. Ya había realizado muestras que gustaban y eso me empujó." Ese había sido su sueño, y su vida se modificó en pocos años. Aunque Milo obtuvo las becas Antorcha (en dos oportunidades) y Trama, asegura que su carrera se definió con la llegada de su actual galerista, Teresa de Anchorena, a Resistencia, en 2005. Para ella fue "un encuentro": de paso por la ciudad, entró en un bar y allí estaban expuestos los dibujos del artista, que dictaba un taller para chicos en la plaza de enfrente.

Milo Lockett es autodidacta, y sus referentes comienzan con Jorge de la Vega, pasando por la nueva figuración con Macció, Deira y Yuyo Noé, que le parece el más lúcido e intelectual; "también me gusta mucho Berni", aclara. Entre los artistas más cercanos a su generación, comparte ideas con Diana Aizemberg, Marina Di Caro, Tulio de Sagastizábal y Manuel Alvarez. De su provincia dice que no tiene ningún referente, pero con Rolando y Dante Arias compartió y vivió muchas aventuras artísticas. "En todas las provincias sucede lo mismo; el arte sigue centralizado en Buenos Aires. No es lo mismo para un chico crecer con el arte del Museo Nacional de Bellas Artes que con el de un museo provincial. Hace poco recorrí una muestra en el Bellas Artes de Corrientes, pero eso se da muy pocas veces, yo lo vi recién a los 39 años. Cuando vengo a Buenos Aires, aunque sea un ratito, trato de pasar por el Museo Nacional de Bellas Artes. Poder ver un Degas… Imaginate para un tipo que vive en Salta o en Ushuaia. Por ahí suena un poco patético si uno dice que no tenemos referentes en mi provincia, pero no se es cruel por decir la verdad", se lamenta.

La entrevista discurre en la galería palermitana de Anchorena. "Estoy haciendo una nota con LNR", atiende Lockett desde su celular. El amigo chaqueño tenía en mente un tema más importante: saber cuántos kilos de carne compraba para el asado del domingo.

Así es Milo. Su madre dice que querría que se pusiera un negocio para verlo "trabajando en serio" y que ganara mucha plata con el arte. Su pequeña hija contesta: "No hace nada; dibuja y va al bar", cuando le preguntan por la profesión del papá. Un bar de amigos donde no puede faltar: cuando no llega, el mozo lo llama para ver si le pasó algo. Toma café, y le gusta el whisky. "Tengo amigos que también se ríen de mi trabajo y de golpe me llaman porque me ven en un diario y se ponen contentos; o éste, que me llamó ahora y no le importa que estemos haciendo la nota: quiere organizar el asado".

Autodidacta por elección

Para Milo, una cosa es la formación y otra la información. Piensa que muchas personas creen que formándose en escuelas de arte se vuelven artistas: "La formación es la diaria, el contacto visual, la persona que es artista plástica tiene una mirada distinta, así como el músico escucha diferente: tener oído musical no es lo mismo que ser profesor de música".

Para Teresa de Anchorena, "el buen artista está como treinta años adelantado. Es un ojo con visión de futuro". Es por eso que muchas veces las obras de los artistas son entendidas diez años después. "Milo es un adelantado, pero por otro lado tiene una imagen de tan alto impacto que la gente se siente atrapada, es tan pregnante que no se olvida."

Para ver la obra de Milo no hay que ser experto: la entiende y le gusta tanto a un intelectual como a la gente que pasa por la calle. El soporte en papel es uno de los preferidos; le resulta interesante el trabajo producido y es cómodo para viajar con las obras, una de sus actividades principales.

La imagen que compone desde hace muchos años no es pretenciosa ni solemne: su obra podría considerarse dentro de la línea de arte primario, cercana al art brut. "A veces me relaciono con pintores salvajes, como los alemanes de la década del ochenta; a veces me comparo con Basquiat", propone.

Además de engrosar su colección adquiriendo obras de pintores contemporáneos, Milo compra antiguos catálogos de artistas. "No tengo relación con ello, pero lo que me gusta es revisar sus investigaciones y tomar lo que me interese. Yo les pregunto a los colegas, y muchos dicen que su obra nace a partir de ver obras de otros: eso me parece interesante y honesto. Cuando veo a un artista que me gusta, me da admiración y hasta envidia. Es esa admiración la que a uno lo lleva a buscar mejorarse."

Una de sus premisas es que la gente pueda "vivir con arte", tanto al hacer exposiciones como al dar clases en programas de escuelas rurales o apoyar a los artistas locales. Es por eso que el precio de cada obra en arteBA fue de 2500 pesos, y hasta podía comprarse en cuotas. "Hay nuevos compradores de arte y es interesante que artistas y galerías se sumen. Con la mirada del extranjero se formó un mercado interno en crecimiento que hay que sostener y promover. Quiero llegar a mucha gente porque el arte no tiene que ser de elite: ése es el lenguaje al que aspiro. Que el espectador participe, y para ello es fundamental que acceda a la obra", asegura.

Los márgenes

Luego de proyectos de colaboración social durante cinco años, Milo Lockett aprendió que una cosa es pensar sentado detrás de un escritorio y otra ejecutar. En cada lugar el proyecto cambia, porque la gente es diferente. "Trabajo con talleres todo el tiempo y actualmente estamos en uno de xilografía en el norte argentino que terminará en Buenos Aires en noviembre. Queremos mostrar el norte argentino que dibuja, un norte diferente, no ese norte pedigüeño. Son dibujos de chicos de escuelas rurales de cuatro provincias. Siempre trato de ocuparme de los márgenes, porque de ellos nadie se ocupa."

En tren cultural, Milo está contento con su labor, pero también reconoce los límites: "Apostamos mucho a la cultura, pero es importante que tengan dientes y salud; tenemos que pensar antes de poner un centro cultural donde no hay uno de salud".

Como un hombre bisagra, Milo se desenvuelve entre una costa y la otra, y recorre muchos kilómetros para formar a los chicos. Aunque sabe que no le corresponde cargar solo con una solución, una respuesta, su mayor preocupación es no perder esa mirada. "En este tipo de proyectos uno queda siempre en el medio porque no soy el Estado ni pertenezco a la comunidad, pero en realidad todos pertenecemos al mismo caos –dice, y agrega: "Me gustó mucho lo que hizo Daniel Tognetti con un cuadro de Kuitca para conseguir una ambulancia. Ese tipo de movidas con el arte me parece que funcionan. Si lo pensás, para el común de la gente lo primero que ocupa un cuadro es un lugar en la pared; la primera lectura es decorativa, y si eso ayuda a un montón de personas… es increíble, por no decirte que para la mayoría de las personas no asociadas a la cultura el arte no sirve para nada".

Hace un año se planteó definir su carrera internacional, el sueño de todo artista. "Me gustaría no convertirme en una firma que vale sólo por eso; me gustaría poder ayudar, y eso ya me pasa."

Sus abuelos llegaron de Irlanda a Resistencia porque no los dejaron bajar del barco ni en Nueva York ni en Brasil. Y, de chico, Milo siempre soñaba con haber nacido en Estados Unidos. "Hoy, de grande, quiero muchísimo a mi ciudad, y pienso que puedo llegar a Nueva York de la mano de la pintura, pero no me quiero desprender de mi Chaco ni de mis proyectos sociales; creo que soy útil. Siempre tengo el vértigo de perder la mirada, así como con el whisky: me gusta mucho, por eso tomo poco. Ese es el límite que no pierdo. Lo hago con amor, porque me construye tanto a mí como a mi obra."

Vivir con arte